Pasito a pasito



Para aprender a andar, hace falta pegarse muchas tortas. La impaciencia provoca frustración y más tortas de las que en realidad deberían ser. Cada cosa a su tiempo. Si en vez de a andar lo que aprendemos es a vivir, pasa exactamente lo mismo.

El trato con las personas es una gran parte de nuestra existencia. Si no se te da bien, date por jodido. Pero eso, como parte del carácter y de la personalidad, se puede cambiar.

Conociendo a la gente:

No puedes ir contando tu vida de golpe a todo el mundo. La curiosidad mueve el interés. Cuando ya está todo visto, no hay nada más que ver, y la evidencia es aplastante. En cambio, cuando te vas mostrando poco a poco, eres como un buen mago, que hipnotiza y agrada con cada nuevo truco. Y cuanto más lenta y misteriosamente te muestres, más profundo y complicado aparentarás ser.

La sencillez, poco acostumbrada a dejarse ver, es cuanto menos sospechosa. Nadie se la espera. Ponte en la piel de alguien cuya vida es tomada como un juego. En ningún momento esa persona jugaría a un juego demasiado corto o sencillo. Tampoco a uno muy largo e imposible. Ni muy fácil, ni muy difícil. Un punto medio.

Si vas a entrar a un juego, asegúrate antes de que sabes jugar. Sino, directamente no entres, o seguramente pierdas.

No intentes comprender a todos. No puedes meter a todos en el mismo saco y etiquetarlos. Cada persona es un mundo, y muchas veces desconocido hasta la propia persona. Si una persona te disgusta o te es indiferente, no intentes cambiarlo. Que la vida siga su curso y ya conocerás a más gente. Si pretendes hacer crecer una planta en el desierto, tus esfuerzos serán en vano.

Nuevo proyecto

Es una sorpresa, así que todavía no puedes saber lo que hay hasta que visites el nuevo blog...

http://ramonycojon.blogspot.com/

Porque lo digo yo



Sin más. Con una frase justificarías todas tus acciones. Puedes hacer la cagada más monumental, y así, con un toque mágico, convertir tu mierda en abono para las flores preciosas. Visto de ese modo, ninguno cometemos errores. Cual pijo de "saes", meamos perfume, y no nos importa mear para arriba ni cara al viento.

Siento decirlo, pero cada día que pasa, ya sea por omisión o por acción, cometemos errores. Desde callar una palabra amable a alguien que lo necesita, hasta hacer comentarios hirientes a quien está hundido en la miseria. El egoísmo que nos corroe es tal, que incluso a veces nos da igual.

No caemos en esos pequeños errores porque hemos aprendido a vivir con ellos. La costumbre convierte las malas acciones en vicios. La conciencia acortezada nos permite vivir por encima de esas cosas sin que nos afecte. Así el mundo se dirige inexorablemente al precipicio de la indiferencia. Todo es lo mismo y todo da igual.

Tantas veces vence el pesimismo que hace de esta vida una carga pesada y sin sentido. Se pierde la esperanza en la humanidad.

¿De verdad se puede confiar en el corazón de los hombres, cuando es allí donde nace el odio, el egoísmo y la desconfianza? Claro que sí, porque allí también nacen el amor, la lealtad, el honor, el coraje. Motivos suficientes para dar la vida por otra persona, y también motivos de sobra para querer a una persona sin dudar, a pesar de sus faltas.

Perdonar cuesta mucho, pero ¿y pedir perdón? Es difícil, muy difícil.

Perdonar engrandece el corazón, pero pedir ese perdón a veces nos humilla hasta el extremo y nos hace cambiar. Quizá sea el camino para llegar a la verdadera humildad, empezar a reconocer los errores y pedir perdón por cada error cometido conscientemente.

The president



Un día más, el señor Mindúnguez se puso en camino para ir a comprar el pan. Iba pensando acerca de su hijo y también en su próximo divorcio. Se disponía a cruzar la acera pisando sólo las líneas blancas, cuando de repente un coche enorme con las lunas tintadas se acercó y se paró delante suya. Se bajó la ventanilla y detrás se dejó entrever un hombrecillo alopécico de tez pálida:

- Perdone, ¿a usted le gustaría ser presidente de gobierno?

- Mire, nunca la había pensado, pero me haría mucha ilusión. Pero tengo una duda.

- Dispare.

- ¿De que país se trata?

- Suba, se lo explicaré todo.

El señor Mindúnguez se montó en el coche, y se alejó fugazmente perdiéndose en la esquina de la siguiente calle. Nunca más se supo de él.

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Y ahora, solamente me apetecía escribir un microcuento...

Somos lo que hacemos



He estado tratando a una persona durante diez años, y juraría que le conocía mejor que su propia madre. Para desgracia la mía, que no era así ni por asomo. No conoces a una persona hasta que ves lo mejor y lo peor que puede llegar a hacer, sus límites.

En la película "El reino de los cielos", que por cierto recomiendo, se repite de vez en cuando una frase que marca la historia del protagonista: somos lo que hacemos.

Con una sola frase y con tiempo para meditar, basta para aprender muchas cosas en soledad.

Es una forma bonita de ver la vida. Pensar que todo puede cambiar para bien o para mal, incluso nosotros mismos. Si cambias lo que haces, cambiarás lo que eres. Porque sería injusto decir que somos libres, y que no pudiéramos cambiar.

Pescaos